Podríamos pensar que la tecnología de los nazis coincidió con visitas de otras civilizaciones superiores ¿extraterrestres? Tecnologías que asombraron al mundo, nunca vistas hasta entonces. La tecnología nazi llegó a ser tan avanzada que de haber contado con unos años más, la guerra hubiera tomado otra dirección.

En el año 1937 en la Selva Negra (Alemania) un objeto de procedencia desconocida con forma de disco se estrelló en la zona, según consta en un informe desclasificado que se dio a conocer y confirmado después por los científicos EE.UU. Oberth y Von Braun.

La zona fue acordonada inmediatamente por las tropas nazis, quienes rescataron la nave siniestrada, encontrando en su interior los cuerpos sin vida de unos pequeños seres de origen extraterrestre.

La nave, junto con los restos hallados, fue trasladada a una base secreta cerca de la frontera austriaca. El Führer ordenó a los mejores expertos aeronáuticos de Alemania que investigaran los restos encontrados.

Según el informe anteriormente citado, los miembros del equipo que trabajó con la tecnología alienígena avanzada eran la Luftwaffe (el Ministerio de las armas dirigidas por Albert Speer) y el Consejo de Investigación formal, el “Reichsforschungrat”, integrado por académicos e ingenieros industriales.

También algunos de los ingenieros teóricos y físicos más avanzados de Alemania fueron encargados personalmente por Hitler para poder desvelar sus secretos, ver que aplicación pudieran darle a lo que descubrieran y sobre todo hacerla disponible para el esfuerzo de la guerra.

Al parecer los esfuerzos tuvieron recompensa: la nave extraterrestre sirvió para la avanzada propulsión, la electrónica y proporcionó pistas para diseños viables que pudieron dar origen a toda una serie de especulaciones acerca de las famosas armas secretas nazis.

En el año 1939, la sociedad Sol Negro ya había construido otra nave circular, la “RFZ-5”, la primera gran nave espacial de 26 metros de diámetro y 9 metros de altura con el nombre de Haunebu I. El primer vuelo de esta nave se desarrolló bajo fuertes medidas de seguridad en el mes de agosto de 1939.

Ese mismo año, una nueva nave circular atravesó el campo de pruebas de la sociedad VRIL, se la llamó la “VRIL-1”. Con un solo tripulante y 11 metros de diámetro, estaba equipada con dos cañones CMK 108, calibre 300 y dos ametralladoras MG 17.

Al mismo tiempo que se estaba probando esta nave, ya tenían los planos para la construcción de una nave mucho más grande la “VRIL-7”.

A finales del mismo año, el departamento de investigación de la “SS” comenzó a trabajar en una versión más sofisticada del Haunebu I, el Haunebu II; tenía 31 metros de diámetro y 11 de altura. Su velocidad en vuelo tenía que ser de 6.000 km/h dentro de la atmósfera terrestre y se creía que podría viajar por el espacio exterior.

La “SS” aún tenía planes mucho más atrevidos, habían diseñado una nave, la Haunebu III, de 120 metros de diámetro, e incluso diseñaron una estación espacial gigante a la cual llamaron “máquina Andrómeda”, su peso era de 100 toneladas y  no les era problema para ponerla en órbita.

Esos “platillos volantes” de las diferentes series Haunebu de los que existen fotografías obtenidas por los aliados cuando invadieron el territorio del III Reich y en cuya incuestionable autenticidad se apoya el informe.

Otra arma secreta más que sumar a una larga lista, pero esta vez algo completamente diferente a lo convencional, conceptualmente hablando, era un sistema que permitiera anular la gravedad en sus aeronaves e incluso, según alguna versión, viajar en el tiempo. Ese invento se conoce con el nombre de Die Glocke (La Campana) y formaría parte de esa legión de wunderwaffen, es decir, armas milagrosas, que se supone desarrollaron los nazis en los últimos compases de la contienda para dar un giro al curso de ésta.

Se especula con que los nazis habrían entrado en contacto con cierta raza de extraterrestres, dedicando durante años gran parte de sus recursos a tratar de fabricar armas que les dieran la victoria sin apenas sufrir bajas en el campo de batalla.

Uno de los más curiosos artefactos desarrollados fue el AS-6, un avión con una forma curiosamente parecida a un platillo volante, tanto, que algunos investigadores suponen que el avistamiento de alguno de estos prototipos puede haber sido el que dio origen a las historias sobre “patillos voladores”.

Al acabar la guerra, el público pudo saber que el proyecto del “platillo” no había sido el único, y que otros ingenieros habían desarrollado distintos aparatos para la Luftwaffe.

Al finalizar la contienda, las dos principales potencias del mundo, que pronto se convertirían en adversarios, dispusieron desde aquel momento de la capacidad para desarrollar un programa espacial inspirado en los cohetes del ejército nazi, así como de las dos personas idóneas para dirigir las investigaciones.

Korolev, cuya identidad no sería revelada hasta su muerte, en la Unión Soviética y Von Braun, cuyo pasado al servicio de Hitler se ocultó al público en Estados Unidos, fue un visionario del espacio que ganó la carrera a la Luna y le presentó a Estados Unidos una hoja de ruta a la estrellas…

Si te ha gustado este artículo puedes darle al like y compartirlo en tus redes sociales. Además, puedes seguirnos en Facebook y Twitter para conocer todas las novedades de nuestro blog y comentar nuestros post. No olvide suscribirte a nuestro canal de Youtube ¡esperamos vuestros comentarios!

Dejar respuesta