La tecnología nazi llegó a ser tan avanzada que de haber contado con un año más, sin duda, la guerra hubiera tomado otra dirección.

Los archivos secretos de los nazis revelaron que el Tercer Reich poseía una tecnología muy avanzada para la época,  incluso llegaron a hacer volar sus propios platillos volantes entre 1938 y 1945. Al mando de ese proyecto secreto, denominado Haunebu, estuvo la misteriosa Sociedad Vril, un grupo ocultista relacionado con la Sociedad Thule, muy cercana a la cúpula de los nazis, especialmente a las SS de Heinrich Himler.

Al terminar la guerra, Víctor Schauberger, líder de este proyecto, se fue a vivir a Estados Unidos, donde seguiría trabajando en proyectos secretos relacionados con tecnología supuestamente extraterrestre; armamentística y espacial. Se especula con que los nazis habrían entrado en contacto con cierta raza de extraterrestres, dedicando durante años gran parte de sus recursos a tratar de fabricar armas que les dieran la victoria sin apenas sufrir bajas en el campo de batalla.

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Uno de los más curiosos artefactos desarrollados fue el AS-6, un avión con una forma curiosamente parecida a un platillo volante, tanto, que algunos investigadores suponen que el avistamiento de alguno de estos prototipos puede haber sido el que dio origen a las historias sobre “patillos voladores”. Según algunos testigos, después de repetidos fracasos, en junio de 1944 uno de estos prototipos despegó y se alejó a gran velocidad dejando tras de sí la pista de aterrizaje de Brandis (Leipzig). El aparato en cuestión era el único de su especie, y había sido diseñado y construido por Arthur Sach. Al acabar la guerra, el público pudo saber que el proyecto del “platillo” no había sido el único, y que otros ingenieros habían desarrollado distintos aparatos para la Luftwaffe.

La historia de la tecnología “invisible” comenzó con los hermanos Walter y Reimar Horten. Comenzaron a diseñar el aparato a principios de la década de 1930, cuando Alemania tenía prohibido poseer una fuerza aérea. Durante cinco años de desarrollo, fueron capaces de hacer progresos significativos en su programa de creación del futuro avión. Los hermanos siguieron algunas de las esotéricas ideas del diseñador de aviones Frederich Lippisch, el pionero de las aeronaves con ala delta, triangular. En el primer día de la primavera de 1944, subieron al primer prototipo, que estaba equipado con dos motores de gran alcance con el impulso a chorro, y 4 cañones de aviones MK-108. Recientemente, aparecieron fotos interesantes de uno de los aviones, que los aliados después de la derrota del Tercer Reich llevaron a los Estados Unidos para copiar su tecnología.

Se hablaba de otros artefactos: desde un cañón que dispara rayos solares, prototipo que fue robado por los americanos casi al final de la guerra: “nunca se volvió a saber nada más acerca del mismo”;  hasta una máquina llamada ‘arma vórtice’ que genera torbellinos.

Otra arma fue el ‘cañón sónico’, creado en los años 40 por el doctor Richard Wallauschek. “Estaba formada por dos reflectores parabólicos conectados por varios tubos que formaban una cámara de disparo. A través de los tubos entraba en la cámara una mezcla de oxígeno y metano que era detonada de forma cíclica”.

El cañón K (E) Gustav Gerät, la pieza de artillería más grande jamás construida, sólo podía ser transportado en tren. El cañón de largo alcance y de calibre de 800 milímetros fue diseñado para destruir los búnkeres soviéticos.

La bomba endotérmica, de la cual prácticamente no hay información, se trataba de explosivos que serían lanzados por aviones de gran radio de acción y con capacidad para, al detonar, crear una zona de intenso frío que congelaría en un radio de un kilómetro toda forma de vida de manera temporal.

Los trabajos de Viktor Schauberger sobre la anti-gravedad. ¿Se sabe que la fisión nuclear fue descubierta por los científicos alemanes Otta Hann y Fritz Strassman en 1938?

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Cuando acabó la guerra, las dos principales potencias del mundo, que pronto se convertirían en adversarios, dispusieron desde aquel momento de la capacidad para desarrollar un programa espacial inspirado en los cohetes del ejército nazi, así como de las dos personas idóneas para dirigir las investigaciones: Korolev, cuya identidad no sería revelada hasta su muerte, en la Unión Soviética y Von Braun, cuyo pasado al servicio de Hitler se ocultó al público en Estados Unidos, fue un visionario del espacio que ganó la carrera a la Luna y le presentó a Estados Unidos una hoja de ruta a la estrellas…

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