Los vigilantes de las tumbas hablan en voz baja cuando les preguntan por la maldición de Tutankamón, saben que la magia egipcia siempre fue temible.

El descubrimiento de la tumba de Tutankamón es probablemente uno de los fenómenos más espectaculares del S. XX, sobretodo porque se trataba de una tumba sin saquear y que por tanto conservaba perfectamente todo su tesoro artístico y material.

La noticia tuvo una repercusión extraordinaria, pero la tuvo también la posterior desaparición de muchas personas que directa o indirectamente habían participado en el descubrimiento, dando pie a la leyenda de la “maldición de los faraones”, que vengarían de esta manera de la profanación de sus tumbas.

Sí es cierto que en pleno proceso de excavación, el primer afectado fue Lord Carnarvon, mecenas de la expedición. Picado por un mosquito e infectada la picadura por la herida que se hizo al afeitarse,  su estado se complicó con una neumonía y septicemia, acabando con su vida cuando todavía no habían descubierto todos los secretos de la tumba. A partir de la muerte de Lord Carnarvon, comienza la leyenda de la venganza del Faraón por haber alterado su tranquilidad al profanar su tumba.

Más aún, considerando que algunas voces hablaban de una inscripción egipcia que decía “la muerte golpeará con su bieldo a aquel que turbe el reposo del Faraón“, inscripción de la que nunca se supo nada cierto, pero que tampoco era del todo extraño ya que fueron numerosas las inscripciones similares halladas en las tumbas egipcias, que en realidad lo que pretendían era espantar a los saqueadores.

A partir de ese momento se sucedieron una serie de fallecimientos en cadena de personas ligadas al descubrimiento que dieron inicio a la leyenda, hasta un total de 26 se produjeron en apenas unos años a partir del descubrimiento efectuado en 1922.

No hubo nada extraordinario en aquellos fallecimientos a excepción de su coincidencia. En todo caso, el químico inglés Dr. A. Lucas detectó en la tumba gérmenes producidos por el moho acumulado después de tres mil años de hallarse cerrada.

Pero fuera o no fuera esa la causa de algunas de las muertes, tampoco afectó a todos los que intervinieron, ni a los fellahs egipcios que ayudaron en los procesos de excavación, ni al mismo descubridor de la tumba, Howard Carter, que no falleció hasta muchos años después del descubrimiento. Carter, cuando volvían a plantearle la cuestión de la maldición de los faraones, decía: “Todo espíritu de comprensión inteligente se halla ausente de esas estúpidas ideas“.

De los aspectos sugestivos del Egipto antiguo, es el tema referente a la maldición que se abatiría sobre aquellos audaces que se atrevan a profanar las tumbas y el sueño eterno de los faraones, el que despierta el mayor interés del lector o investigador de lo insólito y misterioso.

Para enfocar y describir adecuadamente este tema, es necesario dividir en dos segmentos de contenido diferente, pero de mucho interés para nosotros: el primero hace hincapié en el conocimiento, sabiduría y recursos extraordinarios utilizados por los sacerdotes para impedir y preservar del saqueo depredador las tumbas de los monarcas del antiguo Egipto faraónico. La pregunta que todo investigador se hace después de escuchar las posibilidades que ofrece esta teoría parece clara: ¿conocían los antiguos sacerdotes egipcios la existencia y efectividad del hongo Aspergillus?

Si bien ningún texto faraónico hace alusión a las afecciones de tipo respiratorio relacionadas con estas maldiciones, la posibilidad de que los sacerdotes conocieran la existencia de estos microorganismos no deja de ser estremecedora…

el Dr. Ezzedine Taha, profesor de medicina y biología de la universidad de el Cairo, dijo que muchos de los arqueólogos y empleados de la universidad sufrían trastornos respiratorios ocasionales con fiebre, a causa de inflamaciones producidas por un virus que sobrevive en las peores condiciones durante siglos y milenios y en los cuerpos de los faraones momificados.

La hipótesis del Aspergillus no es la única que ha adquirido cierto peso específico entre las cuatro grandes teorías que se han barajado para explicar las muertes de los excavadores de tumbas egipcias. Muchos de los exploradores que sufrieron de estas supuestas “maldiciones” experimentaron síntomas similares a esos causados por la exposición a Aspergillus, un moho que se ha encontrado en varias tumbas egipcias.

Los egipcios a menudo enterraban comida, joyas y otros tesoros junto con sus seres queridos para que los utilizaran en la vida después de la muerte. Esta comida pudo haber proporcionado la fuente de nutrientes perfecta para el crecimiento de Aspergillus y otros mohos. También se especula que estos hongos fueron responsables por la muerte del Señor Carnarvon, quien murió meses después de explorar la tumba del Rey Tut en 1922.

Cuando la momia del Rey Tut fue examinada en 1976, se encontraron más de 370 colonias micóticas que contenían 89 especies micóticas (incluyendo Aspergillus) creciendo en la momia. Durante un análisis de 40 momias en 1999, un microbiólogo alemán descubrió que cada una de las momias contenía varias esporas potencialmente peligrosas. Debido a esto, los científicos ahora toman precauciones adicionales tales como usar equipo de protección personal al manipular las momias y explorar nuevas tumbas.

¿Y la segunda vía no científica? La segunda analiza la presencia de poderes ocultos, misteriosos, desconocidos e insólitos ajusticiando a los profanadores de las tumbas imperiales, la maldición de los faraones, la maldición de Tutankamón.

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