Los Ángeles, madrugada del 24 al 25 de febrero de 1942. Unos extraños sucesos ocurren en la ciudad. El ejército norteamericano lanza una ofensivo sobre unos objetos no identificados que sobrevuelan el espacio aéreo. Estos sucesos siguen siendo a día de hoy un misterio y son el objeto de una intensa especulación. Son conocidos como La Batalla de los Ángeles.

Dos meses y medio después del bombardeo de Pearl Harbor, los japoneses habían situado a siete submarinos a lo largo de la costa oeste, desde Seattle hasta San Diego. Durante los primeros meses de 1942, llegaron a hundir varios buques mercantes y se enfrentaron en un par de escaramuzas a la US Navy. La tarde del 23 de febrero, el submarino nipón I-17 emergió de las aguas del Pacífico a dos kilómetros y medio de la costa californiana. A las 19:05, su comandante, Kozo Nishino, ordenó abrir fuego contra las instalaciones petroleras a pocos metros de la playa. Al día siguiente la noticia corrió como un reguero de pólvora.

Las autoridades llamaron a las unidades designadas para la defensa aérea, y alertaron a la población, intentando no causar el pánico. Los nervios estaban a flor de piel, y un evento terminó por desatar el caos.

A las 2.15 horas del 25 de febrero, los radares militares de Los Ángeles detectaron un tráfico no identificado sobre el Pacífico, a unos 220 kilómetros al oeste de la ciudad. La inteligencia naval había avisado del riesgo de un inminente ataque japonés. Las baterías antiaéreas y a los pilotos del 4º Comando de Interceptores estaban preparados para actuar, mientras los radares seguían al objeto, que volaba hacia Los Ángeles.

Durante varias horas, se vislumbraron, según indican los testigos, objetos no identificados en el espacio aéreo de Los Ángeles. La amenaza fue tan inusual que sonaron las sirenas anti-áreas y se dio la orden de cortar la electricidad en la ciudad. A las 3:16, la brigada costera de artillería número 37 comenzó a disparar balas anti-aéreas de 5,8 kg. Dispararon más de 1400 balas en 58 minutos ,mientras los objetos se movían al sur, desde Santa Mónica a Long Beach. “Evidentemente pensaron que serían bombarderos japoneses que atacaban el país,” explica el experto en OVNIS Bill Birnes, editor de la revista UFO. “Pero no fue así. Volaban demasiado alto”.

Ninguna de las miles de balas alcanzó el objeto. La gente que estaba en la calle esa noche jura que no fue ni un avión ni un globo, sino un OVNI. Flotaba, se deslizaba y  hasta el día de hoy nadie puede explicar qué nave era ni porqué la artillería fue incapaz de alcanzarla.

Las descripciones de los OVNIS varían mucho. El General George C. Marshall, en su primera carta al presidente Roosevelt en el que le contaba el suceso, escribió que “aviones no identificados viajaban a velocidades que iban desde muy lentas hasta 320 km. por hora y desde 2.743 a 5.486 metros de altura.” El número de naves varía según los testigos, de 9 a 15 o a 25.

Al principio, las autoridades dieron una explicación muy vaga: el secretario de la Armada, Frank Knox, descartó el suceso como una “falsa alarma” debida a los “nervios de la guerra”, pero cuando dicha explicación no convenció ni a la prensa ni al público, el Ejército afirmó con una respuesta definitiva que la nave y la batalla fueron reales, confirmado por el secretario de Guerra Henry L. Stimson el 26 de febrero.

El Ejército dice que la alarma fue real”, titulaba a toda plana Los Ángeles Times al día siguiente.

The Washington Post apuntaba el 27 de febrero que la teoría del Ejército lo explicaba todo, “excepto de dónde venían los aviones, a dónde se dirigían y por qué no se mandaron cazas estadounidenses en su persecución”.

Un día después, The New York Times hurgaba en la herida: “Si las baterías antiaéreas dispararon sobre nada, como sostiene el secretario Knox, es un signo de cara incompetencia y de nerviosismo; sí dispararon contra aviones, algunos que volaban tan bajo como 2.700 metros, como mantiene el secretario Stimson, ¿por qué fueron totalmente ineficaces? ¿Por qué no se mandaron aviones estadounidenses a perseguirlos o identificarlos? ¿Qué hubiera pasado si hubiera sido un ataque aéreo de verdad?”.

La mejor prueba de la presencia de algo extraño sobre California aquella noche es una foto publicada por Los Ángeles Times en la que la luz de los proyectores parece confluir en un objeto entre las descargas antiaéreas.

Quizás sea una de las mayores pruebas de las visitas extraterrestres a nuestro planeta. Como siempre os pedimos vuestra opinión.

Aquí os dejamos un video de la época. Los Ángeles 1942 CBS News Report (Attacking UFO)

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