Sin duda el incidente Varginha es el caso más documentado de observación de un Ovni junto a entidades biológicas y de encuentro cercano de tercer tipo.

Todo comenzó el 13 de enero de 1996. La red de satélites de EEUU detecta objetos voladores no identificados en los cielos brasileños, el centro de toda esa actividad se encuentra en la ciudad de Varginha, en el sur del estado de Minas Gerais (Brasil). La Fuerza Aérea de EEUU alerta a su homónima brasileña del seguimiento de un Ovni en el espacio aéreo brasileño moviéndose en altitudes excesivamente bajas, pero los norteamericanos no pueden decir si el OVNI va a aterrizar o a estrellarse. Por la mañana, una antena del NORAD (Comando de Defensa Aeroespacial de Norteamérica), posiblemente instalada en Nuevo México, informa nuevamente a las autoridades brasileñas sobre un posible impacto en el sur de Minas Gerais.

El Estado Mayor de las Fuerzas Armadas brasileñas es oficialmente informado y ordena que la unidad del Ejército más cercana acercarse a la trayectoria final del objeto.

Treinta minutos después, Carlos de Souza, piloto de ultraligero de São Paulo, observa un objeto alargado en forma de puro, cruzando el cielo en dirección a Três Corações, a 27 kms de Varginha, desprendiendo humo por la parte de abajo. El Ovni pierde altitud vertiginosamente descendiendo en un ángulo de 30 grados, desapareciendo tras un monte. Souza continúa por la carretera y busca el lugar del posible impacto. Al llegar ve muchos fragmentos diseminados y cerca de 40 hombres uniformados recogiéndolos.

Souza recoge uno de los restos, extremadamente ligero y que vuelve a su forma original después de aplastarlo, tal como los restos encontrados en EEUU en 1947 “Incidente Roswell”.

Carlos Souza nota un olor semejante al amoníaco. Un cabo de la policía militar, junto a otros agentes, le advierten de que deje el lugar y no diga nada de lo que ha visto.

Un habitante del municipio de Alfenas, situado a unos 80 kilómetros de Varginha, declara haber visto una criatura que parecía “un mono de metro y medio de altura con tres bultos en la cabeza”. Unos niños encuentran un ser raro, medio hombre, medio animal. Está en una casa en construcción al final del barrio Jardín Andere. Permanece quieto y llora “alto y agudo”. Tiene el vientre abultado y aparenta ser una “hembra de mono embarazada”.

El departamento de bomberos de Varginha, recibe una llamada telefónica anónima alertando a los bomberos sobre la presencia de una extraña criatura en un parque del norte de Jardim Andere. Los bomberos llegan al lugar con redes y jaulas, pensando que se van a encontrar un animal salvaje.

Se intensifica la búsqueda de la criatura. Los civiles, que comienzan a aglomerarse, reciben órdenes de abandonar la zona. Según los periodistas que entrevistaron a varios testigos oculares, los bomberos suben por una fuerte pendiente hacia las zonas boscosas del parque, donde quedan estupefactos ante una extraordinaria visión. Ante ellos tienen murmurando un bípedo de aproximadamente un metro y medio de altura, de ojos rojos, piel grasienta y marrón, prominentes venas en cuello y hombros, tres protuberancias en la frente y tres dedos en cada mano, carece de ombligo, pezones y órganos sexuales. La criatura emite un ruido similar al zumbido de las abejas, de ella emana un olor que recordaba al del azufre, y parece estar herida. El ser apenas reacciona.

La piel parecía cubierta por alguna sustancia aceitosa. Destacaban venas gruesas en el cuello. El cráneo parecía enorme y poseía protuberancias.

Posteriormente cuatro bomberos atraparon a la criatura con sus redes, la encerraron en una caja de madera y la entregaron a los militares. Los veteranos ufólogos y abogados Vitório Pacaccini y Ubirajara Franco Rodrigues, que investigaron los hechos, verificarían que la criatura fue capturada por cuatro hombres sin que ofreciera resistencia alguna con una red.

Pero la presencia de otro ser con la misma descripción del anterior fue visto por varios testigos. Se trataba de una criatura de piel marrón oscura, con forma humana, acurrucada en un muro y que parecía estar sufriendo. Tenía los brazos metidos entre sus rodillas y con grandes ojos rojos sin párpados, córnea ni iris. Levantó ligeramente la cabeza y volvió a bajarla. No emitió ningún sonido.

Los policías militares Marco Eli Chereze y Eric Lopes van al Jardín Andere para capturar un “animal”, obedeciendo órdenes de sus superiores. Pero cuando llegan ven algo semejante a “un ser humano desnudo, deformado y repugnante”. Marco se acerca primero. La criatura, que entonces permanece inmóvil y agachada, intenta escapar sigilosamente. Es cuando el policía la agarra por el brazo derecho y la conduce al asiento trasero del vehículo.

Confusos, los dos compañeros arrancan el automóvil. No saben qué hacer. Intuyen que aquella criatura, que apenas se mueve y parece indefensa, se está muriendo. Creen que deben prestarle auxilio.

El puesto de salud más próximo mantiene un médico de turno. Al llegar, un asistente se espanta y les grita: “¡¡Llévenlo a un hospital, al zoológico, no sé dónde?! ¡¡Pero salgan con esto de aquí! ¡¡No quiero problemas!!”

La criatura es internada en el hospital regional de Varginha a última hora de la tarde. Sin embargo, al poco es trasladada al Hospital Humanitas de Varginha, a aproximadamente kilómetro y medio de distancia. Allí, según fuentes médicas, los doctores estaban mejor equipados para tratar sus heridas. Testigos del hospital dijeron a los investigadores que la criatura no se resistió. Se declara su fallecimiento a las 6 de la tarde del 22 de enero.

Muy pronto, los rumores de que se habían capturado dos extraterrestres se difundieron y aparecieron en varias revistas brasileñas…

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