En las faldas septentrionales de la Cordillera del Cóndor, a una altitud aproximada de 800 metros en una zona montañosa e irregular, se sitúa la entrada principal, o más bien, la entrada conocida al mundo subterráneo de la cueva de los Tayos. El acceso es un túnel vertical, de unos 2 metros de diámetro de boca y 63 de profundidad.

En el año 1969, Juan Moricz, espeleólogo aficionado y experto en leyendas ancestrales de origen húngaro nacionalizado argentino, exploró a fondo la cueva, encontrando muchas láminas de oro. Moricz comentó que tenían incisiones arcaicas como jeroglíficos, estatuas antiguas de estilo del Oriente Medio y muchos otros objetos de oro, plata y bronce; cetros, cascos, discos o placas. Según cuentan fue el Padre Crespi quien indicó a Moricz cómo entrar en la cueva y cómo hallar el camino correcto en el insondable laberinto situado en sus profundidades.

Un punto a tener en cuenta en relación a estas planchas nos lleva a los extraños objetos que en su momento custodió el padre Carlo Crespi, en el patio de la Iglesia María Auxiliadora de Cuenca (Ecuador). Los objetos habían sido encontrados por nativos, quienes en acto de amabilidad y gratitud, se los cedieron al padre Crespi. Siendo un hombre de cultura, Crespi pronto se dio cuenta de que los extraordinarios artefactos mostraban similitudes preocupantes con la iconografía de las antiguas civilizaciones mesopotámicas, lo que sugería algún tipo de conexión entre culturas que se desarrollaron en lados opuestos del planeta.

Según el Padre Crespi, los jeroglíficos arcaicos que habían sido grabados, o tal vez prensados con moldes, no eran otros que la lengua materna de la humanidad, la lengua que se hablaba antes del Diluvio. En su ingenuidad de un hombre de fe y cultura, el religioso no se dio cuenta de que sus ideas ponían seriamente en cuestión las teorías establecidas por la arqueología convencional (la oficial).

El hallazgo de Juan Moricz, con fecha 21 de julio de 1969, dice así: “se han descubierto valiosos objetos de gran valor cultural e histórico para la humanidad. Los objetos consisten especialmente en láminas metálicas que contienen probablemente el resumen de la historia de una civilización extinguida, de la cual no tenemos hasta la fecha el menor indicio.”

De existir el hallazgo de la existencia de una presunta biblioteca metálica, siempre según el testimonio de Juan Moricz, allí encontraríamos registrada la historia de la humanidad en los últimos 250.000 años.

En 1972, el escritor sueco Erik Von Daniken difundió la noticia del descubrimiento del investigador húngaro/argentino. Cuando la noticia del extraño descubrimiento de Moricz se extendió por todo el mundo, muchos eruditos decidieron explorar la cueva con expediciones privadas.

Neil Amstrong en la Cueva de los Tayos

Uno de las primeras y más audaces expediciones que se llevó a cabo en 1976 fue realizada por el investigador escocés Stanley Hall en la que participaron el astronauta estadounidense Neil Armstrong, el primer hombre en pisar la Luna, el 21 de julio de 1969. Se dice que el astronauta informó que en los tres días que permaneció en el interior de la cueva eran incluso más significativo que su legendario viaje a la Luna.

A finales de los años 70, Gabriele D’Annunzio Baraldi visitó por un largo tiempo Cuenca, donde se reunió tanto con Carlo Crespi y Juan Moricz. En esa ocasión, Carlo Crespi confió al italo-brasileño que la Cueva de los Tayos era insondable y que los miles de ramificaciones subterráneas no eran naturales, sino más bien hecho por el hombre en el pasado.

El filólogo hindú Dileep Kumar, fue quien analizando los símbolos que se muestran en una de las láminas aparentemente de oro, de unos 52 cms. de alto, 14 cms. de ancho y 4 cms. de grosor; concluyó que los ideogramas pertenecían a la clase de escritura Brahmi, utilizada en el período Asokan de la historia de la India, hace unos 2.300 años…

Cuatro años más tarde, el doctor Barry Fell (Profesor de Biología de la Universidad de Harvard) identificaba 12 signos de la lámina en cuestión con los propios signos empleados en el Zodíaco. Además se hallaron 111 fragmentos cerámicos, entre tiestos decorados y partes de vasija. También se encontraron recipientes metálicos esféricos, botellas con asa de estribo, recipientes con elementos antropomorfos y ornitomorfos. Finalmente descubrieron artefactos tallados en concha: cuentas de collar, placas de forma cuadrangular y rectangular, un disco con imágenes de serpientes y otro con rasgos felinos. Se piensa que todos estos objetos servían para algún tipo de rito. Las decoraciones y formas de metal tienen una vinculación con la cultura Narrío 1 (Cañar y Azuay), que recibió influencia de la cultura Machalilla. Se ha determinado que todo el material encontrado data de 1500 a 1020 a.C.

Como podéis comprobar, el misterio de la cueva de los Tayos continúa…

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