En algún momento de nuestra Historia, el hecho de tener el cráneo alargado era una forma de elegancia o de moda. Los individuos que habían sufrido esta deformación ¿eran más intuitivos? ¿Poseían cualidades que hasta ahora no imaginamos? O aquellos quienes poseían dichos cráneos ¿pertenecían a una clase social superior? Nos hacemos todo tipo de preguntas, podemos pensar todo tipo de respuestas.

De la misma forma que en los yacimientos de las culturas precolombinas se han encontrado cráneos anómalos, en la antigua cultura egipcia, Akhenaton, uno de los más grandes faraones que reino de c. 1353 a 1338 a. C, es representado con una cabeza extrañamente alargada. Los antiguos faraones de Egipto decían proceder del linaje directo de los Dioses. ¿Pudo manifestarse en este faraón la genética de los Dioses, el ADN de los Elohim? ¿Esta facultad ha estado perdida? ¿El hecho de deformar el cráneo era una forma para encontrar estas cualidades perdidas?

Luis Claude Vincent, profesor en la escuela de antropología de París, nos aporta una respuesta excelente: es conocido que la facultad de “intuición” reside, esencialmente, en el cerebelo y el desarrollo de esta facultad es directamente unido al de esta región del cerebro. Ésta se limita a ambos lóbulos, situados en la parte inferior y posterior del encéfalo. En los antiguos, la importancia primordial de esta zona cerebral fue llamada “el árbol de la vida” y en China ”ventana del cielo “, expresiones que precisan bien el papel ”únicas e irreemplazables” de este conjunto glandular.

De dónde viene entonces la existencia de esta práctica de “deformaciones craneanas” aplicada desde el nacimiento, con la ayuda de tablillas apretadas (ceñidas) por fajas de tejidos, a los fines de modelar el alargamiento de la cavidad craneal y preparar así, un desarrollo óptimo del cerebelo.

Se dice que los antiguos Paracas realizaban una práctica para deformar los cráneos de sus habitantes colocando tablillas presionadas con una soga. En el Museo Arqueológico de Lima o en el de Ica, se puede apreciar una importante colección de estos cráneos. Los numerosos grabados de las primeras dinastías de Egipto y de los bustos expuestos al Museo de el Cairo, nos muestran estos cráneos de adultos muy alargados hacia la parte trasera, sobre la que jamás se supo ni comprender el origen (que no tiene nada racial) ni sobre todo descubrir el fin supremo. ¿pretendían parecerse a sus antiguos ancestros, aquellos que vinieron del exterior?

Esto es lo que ocurre cuando comparamos uno de los cráneos de los yacimientos precolombinos y una estatua del cráneo de Nefertiti, las formas encajan y las evidencias también. Una vez más sería interesante pasar por encima de las mentiras oficiales, de la historia y los mitos que nos han vendido y realizar un análisis de ADN a estos cráneos precolombinos y a las momias de esta estirpe faraónica. Si algún laboratorio tuviera la valentía de realizar estos análisis, probablemente los resultados superarían nuestras expectativas y acabarían con los dogmas históricos, abriendo paso a unos nuevos planteamientos sobre nuestros orígenes.

Pero por fin se realizó lo que tanto estábamos esperando. Juan Navarro, propietario y director del museo local llamado ‘Museo de Historia de Paracas’, que alberga una colección de 35 cráneos de Paracas, permitió que se tomaran las muestras de cinco de los cráneos. Las muestras consistieron en el cabello (incluyendo las raíces), un diente, hueso del cráneo y de la piel.  Este proceso fue cuidadosamente documentado a través de fotos y vídeo.

Las muestras fueron enviadas al ya fallecido Lloyd Pye, fundador del Proyecto Starchild, quien entregó las muestras a un genetista en Texas para las pruebas de ADN.

El volumen craneal es hasta un 25% más grande y un 60% más pesados que los cráneos humanos convencionales, lo que significa que no pudieron haber sido deformados intencionadamente. También contienen sólo una placa parietal, en lugar de dos. El hecho de que las características de los cráneos no sean el resultado de la deformación craneana significa que la causa de la elongación es un misterio y lo ha sido durante décadas.

En el año 2012 se descubrió el cráneo número 44. En el año 2014 el cráneo número 44 fue sometido a análisis de ADN y los resultados fueron también muy sorprendentes. En algunos segmentos de su ADN no coincidían con nada humano que se conociese. Parte del ADN pertenecería al género Homo Sapiens, pero no era completamente homínido, sino que era híbrido con alguna especie desconocida. ¿Esta parte desconocida no sería de origen extraterrestre?

Si te ha gustado este artículo puedes darle al like y compartirlo en tus redes sociales. Además, puedes seguirnos en Facebook y Twitter para conocer todas las novedades de nuestro blog y comentar nuestros post.

Dejar respuesta